La próxima vez que me veas seré otra persona…

Chris Stevens y Maggie O’Connell dando un paseo...
Chris: Estás de buen humor…
Maggie: Sí, ¿Sabes por qué?... mañana es mi cumpleaños… cumpliré 30…
Chris: Wao… 30, qué fuerte, felicidades…
Maggie: Sí que lo es, no te parece?
Chris: Sí… ¿y cómo lo llevas, bien?
Maggie: ¿cómo?, pues sí, nunca estuve mejor…
Chris: Me alegro, porque en occidente tenemos ese morboso miedo a envejecer. Esa simplista glorificación de la juventud. En oriente la ancianidad es reverenciada, es el tiempo de la sabiduría y la influencia.
Maggie: ya, como debería ser…
Chris: Sí, nos imponemos unos imperativos cronológicos y si no hemos ganado un millón al cumplir los 30 nos tiramos por un puente.
Maggie: Ya lo sé, es una locura.
Chris: Sí… Mira a los artistas, poetas, músicos, pintores, abren la llave del gas o cierran el garaje con el coche en marcha.
Maggie: Un desperdicio…
Chris: Y las estadísticas las manejan a placer, ¿sabes?
Maggie: ¿Qué estadísticas?
Chris: Esos de la crisis de la edad adulta, Bower y Daniel Levinson. Según ellos, lo que no has logrado a los 30 nunca lo vas a lograr.
Maggie: ¿Lograr qué?
Chris: Lo básico. Encarrilar tu profesión, la intimidad. Y además lo miden en porcentajes.
Maggie: ¿Porcentajes? ¿De veras? ¿Qué porcentajes?
Chris: No sé, 90 ó 95%.
Maggie: ¡Wao!
Chris: Sí… ¡Aún te queda un 5%! ¡Feliz cumpleaños!
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Ruth Anne y Maggie:
Maggie: “No te haces más vieja sino menos joven…”
Ruth Anne: Así hay que enfocarlo.
Maggie: ¿A qué te refieres?
Ruth Anne: La gente se pone muy tonta con sus cumpleaños, sobre todo los importantes, como el tuyo. Creen que hay luces que brillan sobre los demás que a ellos no les iluminan.
Maggie: ¿Cómo el no tener niños? Ruth Anne, que sólo cumplo 30, ¡tengo tiempo para tener niños! De sobra. Puedo tenerlos in vitro o adoptar.
Ruth Anne: Y si no los tienes tampoco es el fin del mundo. Yo quise a mis hijos, me encantó quedarme embarazada. Pero de no haberlos tenido habría ido con la cabeza igual de alta.
Maggie: Ruth Anne no olvides que yo tengo mi carrera. Además, soy piloto. Y llevo una vida estupenda, las cosas me van muy bien. Y mañana es mi cumpleaños.
Ruth Anne: Y deseo que los cumplas muy felices.
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En el Brick...
Shelly: No sé cómo lo haces, Maggie. Aguantarlo… ¡los 30!... Wao… yo voy a pasar los 21 y ya quiero tirar la toalla.
Maggie: En realidad no es tan nefasto, Shelly. Con franqueza… yo deseaba abandonar los 20. Siempre había querido cumplir los 30. Pensaba que sería mi década, que en ellos triunfaría. Como en los 40.
Shelly: Ya, pero a los 30 salen patas de gallo y crece la papada; y tus pezones empiezan a mirar hacia abajo y las nalgas se te hacen fofas. ¡Y la competencia que surge y que te come el terreno! ¿Quién va a mirar a una chica de 24 con tantas adolescentes revoloteando por ahí con esos “culitos apretaditos”?
Holling: Buenos días Maggie, ¿qué más te pongo?...
Shelly: ¿A que no lo sabes?, Maggie va a cumplir los 30… ¿chungo, eh?
Holling: Maggie es un bebé. Los 30 son una pizca de la tarta.
Shelly: Que lo diga él, que vivirá hasta los 120. Pero a ella le faltan sólo 10 para los 40, y entonces… ¿qué va a hacer?
Holling: ¿Cuáles son tus planes, Maggie? ¿Te monto una fiesta?
Maggie: No, sólo pensaba pasar unos momentos selectos a solas. Ya sabes, emplear el tiempo para recordar el pasado. Para enterrarlo quitándome de encima su bagaje para poder seguir adelante.
Ed: Los indios lo hacen. Para quitarse los miedos a envejecer. Se van al río y en sus aguas envían mensajes a todas las personas que han conocido, vivas o muertas, que les atan al pasado. Ellos creen que el gran río entregará esos mensajes.
Shelly: ¡Guay!
Maggie Tiene mucho significado. Es algo bellísimo. Creo que lo voy a hacer.
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Joel y Maggie en la consulta.
Joel: Gran día mañana. Cumplir los 30… yo ya estoy en esos apuros.
Maggie: Pobrecito.
Joel: ¿Cómo? ¿Vas a decirme que no te inquieta?
Maggie: ¿Por qué motivo? Tengo toda una vida por delante.
Joel: Tú… si te pones histérica con un callo que te salga en un dedo. ¿La muerte de tu juventud no te afecta lo más mínimo?
Maggie: Esa es la diferencia entre nosotros. Yo veo un tránsito, tú ves un muro.
Joel: Tienes un poco de fiebre. ¿Te sientes bien?
Maggie: Sí, quizás sea un simple virus, no es nada.
Joel: Te diré lo que pienso. Es un caso de rechazo.
Maggie: ¿De qué?
Joel: ¿De qué? ¡De cumplir 30!.
Maggie: Qué ridiculez.
Joel: Es un caso tan fuerte que rechazas tu propio rechazo.
Maggie: De acuerdo, alguna trepidación he sentido con lo de un ciclo vital y todo eso. Pero para ganar algo, algo hay que perder. No estoy tranquila del todo, pero sí dispuesta a que llegue.
Joel: ¿Dónde es la fiesta?
Maggie: No daré ninguna. Pasaré unos momentos selectos a solas.
Joel: ¿Momentos selectos a solas?
Maggie: Sí, me voy de acampada. Y Ed me habló de ese maravilloso ritual indio donde uno escribe cartas y resuelve asuntos con las personas de tu pasado, vivas y muertas; y luego las envía a través del Gran Río.
Joel: Qué juerga tan divertida.
Maggie: Sí, bueno… tú al cabo de 5 minutos de autoexamen terminarías como tu propio paciente. Chalado.
Joel: Que lo pases bien a solas, O’Connell.
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Maggie y Ed...
Ed: ¿Puedo hacerte una pregunta personal? Dime… ¿qué tal sientan los 30 años? ¡Los casi 30!
Maggie: Sientan bien. De veras que sí, Ed. Siento más confianza. Estoy a gusto conmigo. Aunque, me hubiera gustado saber a tu edad lo que sé ahora. Pero más vale tarde que nunca.
Ed: Exacto.
Maggie: Mira, Ed. Me siento al borde de la madurez, de una transición. Como si me abriese a lo que llevo dentro. Por eso vuestro ritual del tránsito es tan perfecto. Es una forma de descargarme de todo lo que ha estado pesándome en mis entrañas. Como si me expandiese hacia el universo en un gran estallido. La próxima vez que me veas seré otra persona… tendré… tendré…
Ed: tendrás 30 años.
Maggie: Sí…
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Autor: Lou
Fecha: 07/12/2007 13:18.
